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Largazar y el oso

Julio Cortázar, y Sergio Sergi y su familia forjaron una amistad a mediados de los años cuarenta, que se mantuvo viva hasta el final. Así lo atestiguan los documentos que quedaron escritos, los recuerdos y las fotos del reencuentro de Julio Cortázar y Sergio Sergi en 1973.

 "Perolandia, 7 de enero de 1945.

Querido Oso redondo y gruñón:

Corriendo el riesgo de que me llame hipócrita, mentiroso y adulador; he de decirle que los extraño mucho a Gladys y a Usted. Extraño: el perfume de los alcauciles, el ukelele de la Trovadora, la fonética del Bichito, las estampillas de Sergito, y el grato desorden de su taller y de su living. Es la primera vez en casi nueve años que Buenos Aires no me ha envuelto en olvido y novedad. (...) Quisiera no haberlos conocido, empiezan a resultarme antipáticos, aprovechadores. A Ud. lo odio en una forma particular; odio sus corbatas, su goulash, su grabado de El cortejo, el lado derecho de su cara, su caminar  de contramaestre holandés en retiro. Lo considero un individuo tentacular que, no contento con fastidiarme noche y día en Mendoza (Oh, "buena vecindad") proyecta su imperialismo afectivo hasta la más linda de las capitales de la Tierra. Así es, Sergio Sergi, los extraño mucho, y esta carta no tiene otro motivo que el de decírselo e insultarlo por ello."

Julio Cortázar y la familia Hocevar (Apellido real de Sergio Sergi), compartían su tiempo con otros artistas y escritores, casi todos profesores en la UNCuyo. Solían reunirse en una finca en Lunlunta, en las cercanías de Mendoza. Entre ellos figuraban Alberto Dáneo - el dueño de casa - y Daniel Devoto 

Sergio Sergi retrató a sus amigos en sendos grabados, lo mismo que la finca de los encuentros. Sin embargo no existen grabados de Cortázar.

Un fragmento del Diario de Andrés Fava, texto escrito en la época y publicado póstumamente en 1995, nos arroja luz sobre esa carencia.

Andrés Fava / Julio Cortázar, reflexiona sobre las anécdotas - los mots - de los que público y crítica son tan afectos.

La anécdota, el mot, ilumina con un destello breve más intenso que toda descripción. La crítica francesa e inglesa lo sabe, y desde el siglo XVII es tarea importante la fijación de estas frases-clave. (…) Si los pintores retrataran más a los escritores (o entre ellos) tendríamos el mot plástico. Sergio Sergi dice más de Daniel Devoto y de Alberto Dáneo que las posibles biografías futuras. A mí me dijo —y su frase es su retrato—: "No sirve, tiene una cara blanda; lo que lo expresa son sus manos."

(Un chiste del oso Sergio al dedicar un dibujo: s.s.s. s.s.)

 

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